¿Qué es la escala EVA del dolor y cómo se aplica?
La escala visual analógica del dolor (EVA, conocida internacionalmente como VAS, Visual Analogue Scale) es la herramienta más utilizada en todo el mundo para medir la intensidad subjetiva del dolor. Fue formalizada por E.C. Huskisson en The Lancet en 1974 y consiste en una línea horizontal de 10 centímetros con dos extremos etiquetados: el extremo izquierdo corresponde a «sin dolor» y el extremo derecho a «peor dolor imaginable». El paciente marca con un lápiz el punto de la línea que mejor representa la intensidad del dolor que está experimentando en ese momento, y el profesional mide la distancia en centímetros desde el extremo de sin dolor hasta la marca, obteniendo una puntuación entre 0 y 10. En la práctica rutinaria, especialmente en registros electrónicos, se utiliza con más frecuencia la versión NRS (Numeric Rating Scale), en la que el paciente verbaliza directamente un número del 0 al 10 sin necesidad de marcar sobre una línea. Ambas versiones son clínicamente equivalentes en adultos y permiten cuantificar el dolor de forma reproducible para monitorizar la respuesta al tratamiento analgésico. Desde el año 2000, coincidiendo con la campaña internacional «Pain as the Fifth Vital Sign», el dolor se considera la quinta constante vital y debe registrarse junto con la temperatura, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria y presión arterial.
¿Cómo se interpreta la escala EVA?
La interpretación de la escala EVA se ha estandarizado en cinco categorías que guían directamente la selección del tratamiento analgésico según la escalera de la Organización Mundial de la Salud. Una puntuación de 0 corresponde a ausencia de dolor y no requiere tratamiento. Entre 1 y 3 puntos hay dolor leve, que se maneja con analgésicos del primer escalón: paracetamol (1 gramo cada 6-8 horas), AINE (ibuprofeno 400-600 mg cada 6-8 horas, naproxeno, dexketoprofeno) o metamizol. Entre 4 y 6 puntos hay dolor moderado, que requiere analgésicos del segundo escalón: opioides débiles como tramadol (50-100 mg cada 6-8 horas) o codeína, solos o combinados con analgésicos del primer escalón en asociaciones sinérgicas (por ejemplo, paracetamol 1 g + tramadol 75 mg). Entre 7 y 9 puntos hay dolor intenso, que requiere analgésicos del tercer escalón: opioides mayores como morfina, fentanilo, oxicodona, hidromorfona, tapentadol o metadona, por rutas intravenosa, subcutánea, transdérmica (parches de fentanilo o buprenorfina) o epidural. Una puntuación de 10 corresponde al peor dolor imaginable y es una emergencia analgésica que requiere atención inmediata con opioides parenterales titulados y búsqueda activa de la causa subyacente. El objetivo universal del tratamiento es mantener EVA ≤ 3 («dolor controlado»).
¿Cuál es la diferencia entre EVA, NRS y Wong-Baker?
Las escalas EVA, NRS y Wong-Baker son tres variantes de la misma idea —cuantificar el dolor en un rango de 0 a 10— adaptadas a distintos tipos de pacientes. La EVA (escala visual analógica) clásica utiliza una línea de 10 centímetros sobre la que el paciente marca con un lápiz el punto correspondiente a su dolor, y el profesional mide la distancia en centímetros. Es la versión más precisa y sensible al cambio, pero requiere soporte físico, lápiz y que el paciente pueda usar la motricidad fina, por lo que es más frecuente en investigación clínica. La NRS (Numeric Rating Scale) consiste en que el paciente verbaliza directamente un número del 0 al 10 en respuesta a la pregunta «¿cuánto dolor tiene en este momento, siendo 0 ningún dolor y 10 el peor dolor imaginable?». Es más rápida, más fácil de registrar, funciona igual por teléfono, y es la versión preferente en urgencias y en la práctica clínica rutinaria. La escala Wong-Baker FACES, publicada por Donna Wong y Connie Morain Baker en 1981, utiliza una serie de seis caras que van de sonriente (sin dolor, 0) a llorosa (máximo dolor, 10), y se diseñó específicamente para niños a partir de 3 años de edad que todavía no dominan los números abstractos, así como para pacientes con déficit cognitivo, barreras idiomáticas o bajo nivel educativo que pudieran no interpretar bien las escalas numéricas. Las tres son válidas y clínicamente equivalentes en adultos.
¿Cada cuánto se debe valorar el dolor con la escala EVA?
La frecuencia de valoración del dolor depende del contexto clínico y del nivel de dolor inicial. En los servicios de urgencias, la EVA se aplica obligatoriamente en el triaje de entrada del paciente (los protocolos de triaje como el Sistema Español de Triaje o el Manchester Triage System integran la EVA como criterio de priorización), y posteriormente cada 30-60 minutos tras administrar analgesia para valorar la respuesta terapéutica. En el postoperatorio inmediato, especialmente en cirugía mayor, se recomienda valorar cada 1-2 horas las primeras 24-48 horas, y luego cada 4-8 horas hasta el alta, con valoración adicional ante cualquier pico de dolor. En plantas de hospitalización, la práctica estándar es valorar el dolor en cada turno de enfermería (aproximadamente cada 8 horas) y a demanda del paciente. En atención primaria y consultas del dolor crónico, se valora en cada visita, y en pacientes oncológicos en domicilio o cuidados paliativos se puede valorar varias veces al día. La regla general es: siempre revalorar la EVA 30 minutos después de administrar analgesia intravenosa o subcutánea, y 60 minutos después de analgesia oral, para documentar si el tratamiento ha sido eficaz (objetivo: reducción de al menos 2 puntos o EVA ≤ 3).
¿Qué hacer si el paciente tiene EVA ≥ 7 en urgencias?
Una puntuación EVA ≥ 7 en urgencias es considerada una emergencia analgésica que debe recibir atención inmediata, antes incluso de completar la anamnesis detallada o las pruebas complementarias. El protocolo de actuación incluye: primero, canalización de vía venosa periférica si no se ha hecho; segundo, administración de analgesia intravenosa titulable y de efecto rápido, típicamente con opioides mayores (cloruro mórfico en bolos de 2-3 mg cada 5-10 minutos hasta control del dolor, fentanilo 25-50 mcg intravenoso titulado, o metamizol 2 g intravenoso en infusión lenta como alternativa en casos seleccionados); tercero, monitorización de constantes vitales especialmente frecuencia respiratoria y nivel de consciencia (usando Ramsay o RASS) para detectar depresión respiratoria por opioides; cuarto, disponibilidad inmediata de naloxona (antídoto de opioides) por si hay que revertir la sedación excesiva; quinto, reevaluación del dolor cada 15 minutos hasta alcanzar EVA ≤ 4; y sexto, búsqueda activa de la causa del dolor con exploración física dirigida y pruebas complementarias. La ley española reconoce el tratamiento del dolor como un derecho del paciente en la Ley 41/2002 de autonomía del paciente y en legislación autonómica específica, y varios estudios han demostrado que la oligoanalgesia (tratamiento insuficiente del dolor) en urgencias es un problema asistencial frecuente que debe evitarse de forma proactiva.
¿Qué limitaciones tiene la escala EVA?
A pesar de ser la herramienta más utilizada para medir el dolor, la escala EVA tiene limitaciones bien documentadas que conviene conocer. La primera es que es puramente subjetiva y unidimensional: solo mide la intensidad del dolor pero no captura otras dimensiones importantes como la calidad (punzante, quemante, opresivo, tipo descarga), el componente neuropático frente al nociceptivo, el impacto funcional (cómo limita la actividad diaria), el componente emocional ni el componente cognitivo. Para valoraciones más completas del dolor crónico se recomiendan escalas multidimensionales como el McGill Pain Questionnaire, el Brief Pain Inventory (BPI) o el cuestionario DN4 para dolor neuropático. La segunda limitación es que depende de la capacidad del paciente para entender la escala y expresar su experiencia: en pacientes con deterioro cognitivo moderado-grave (demencia avanzada), en niños pequeños, en pacientes intubados, en pacientes con barreras idiomáticas o con discapacidad intelectual, la EVA no es aplicable directamente y hay que recurrir a escalas conductuales como PAINAD (para demencia), FLACC (para niños preverbales) o BPS y CPOT (para pacientes críticos intubados). La tercera es la variabilidad interindividual: distintos pacientes con la misma lesión pueden puntuar muy diferente según su umbral de dolor, experiencias previas, estado emocional y contexto cultural. La cuarta es el efecto techo en dolores crónicos muy intensos, donde el paciente «siempre» puntúa 9-10 sin capturar diferencias terapéuticas reales.
¿Cómo se aplica la escala EVA en pacientes que no pueden comunicarse?
En pacientes que no pueden comunicarse verbalmente (intubados, en coma, con demencia avanzada, con discapacidad intelectual grave, con afasia, con barreras idiomáticas insuperables o niños preverbales), la escala EVA no puede aplicarse directamente y hay que recurrir a escalas conductuales específicas que valoran signos observables de dolor. En pacientes críticos intubados en UCI se utiliza la escala BPS (Behavioral Pain Scale) o, preferentemente según guías PADIS 2018, la escala CPOT (Critical-Care Pain Observation Tool), que valoran expresión facial, movimiento corporal, tensión muscular, acoplamiento al ventilador y vocalización. En pacientes con demencia avanzada se utiliza la escala PAINAD (Pain Assessment in Advanced Dementia), que valora respiración, vocalización, expresión facial, lenguaje corporal y consolabilidad. En niños preverbales (< 3 años) y en niños con discapacidad se utiliza la escala FLACC (Face, Legs, Activity, Cry, Consolability), publicada en 1997. En lactantes se usa la escala NIPS (Neonatal Infant Pain Scale) o la escala PIPP (Premature Infant Pain Profile) para prematuros. Todas estas escalas conductuales se traducen a un rango equivalente al EVA 0-10 para facilitar el tratamiento analgésico escalonado. El uso rutinario de alguna de estas escalas en los pacientes no comunicativos es un indicador de calidad de cualquier servicio de UCI, geriatría, pediatría o paliativos.
¿Qué relación tiene la escala EVA con la escalera analgésica de la OMS?
La escala EVA y la escalera analgésica de la Organización Mundial de la Salud son herramientas complementarias que se usan siempre juntas en la práctica clínica. La escalera de la OMS fue publicada originalmente en 1986 en el documento «Cancer Pain Relief» para guiar el tratamiento del dolor oncológico en cualquier entorno asistencial, pero se ha extendido universalmente a todo tipo de dolor (nociceptivo, neuropático, agudo, crónico). Tiene tres escalones jerárquicos. El primer escalón (dolor leve, EVA 1-3) incluye analgésicos no opioides: paracetamol, AINE y metamizol, solos o combinados, con o sin coadyuvantes (corticoides, antidepresivos, anticonvulsivantes según el tipo de dolor). El segundo escalón (dolor moderado, EVA 4-6) añade opioides débiles al primer escalón: tramadol (50-100 mg cada 6-8 horas, máximo 400 mg al día) o codeína. El tercer escalón (dolor intenso, EVA 7-10) sustituye los opioides débiles por opioides mayores: morfina (estándar de referencia), fentanilo, oxicodona, hidromorfona, metadona, tapentadol, con mantenimiento del primer escalón como base. En el dolor agudo postoperatorio intenso y en el dolor oncológico con crisis, muchos protocolos modernos saltan directamente al tercer escalón sin pasar por el segundo, lo que se conoce como «ascensor analgésico». La escalera se complementa con coadyuvantes específicos: antidepresivos tricíclicos o duales para dolor neuropático, anticonvulsivantes como gabapentina y pregabalina para neuralgias, corticoides para dolor por compresión o inflamación, bifosfonatos para dolor óseo metastásico, y anestésicos locales en bloqueos nerviosos selectivos.